18.2.12

Escalera al cielo

La arquitectura desde sus inicios ofrece -entre los signos construidos en el espacio- marcas materiales conjugadas con el sentido vertical, el ascenso, el ir más allá o la conexión entre planos en diferentes niveles de altura. Moles escalonadas en llanuras y terrazas en ambientes escalonados están entre las primeras grandes lecciones de la arquitectura en tiempos antiguos.

Grandes escaleras cumplieron rituales de pompa y triunfo. Otros significados se sucedieron también conforme se aspiró a los distintos cielos de las religiones.

La escalera encontró cierto límite cuando los edificios lo perdieron. Las máquinas vinieron a subirnos. Las escaleras quedaron en roles de escape, de servicio, de seguridad.

Muchas escaleras no son protagónicas en los espacios arquitectónicos hasta que las descubrimos y nos hacen percibir -a través y más allá de su recorrido- espacialidades, desarrollos, cuerpos moviéndose y dejando huellas. Pasos, giros, cambios de dirección, idas y vueltas, velocidades… es decir, una vía de experiencia corporal del tiempo.



 


Entre la tierra y el cielo, como en una rayuela (ese juego cuyo diseño representa una escalera dibujada acostada sobre las baldosas del patio), las escaleras nos deparan evidentes lecciones y aprendizajes a los que llegamos recorriendo analogías, buscando sentidos menos aparentes.

Por eso, estos álbumes, pueden verse literal o analógicamente.